Blog de altroteyalgalope

Montanejos.

Ella tenía que hacer algo en su vida, algo que le moviera, que le sacudiera desde dentro y le devolviera fuera esa imagen perdida de sí misma. 

Comenzó al alba, allá por el mes de mayo. Al principio acompañada, muy bien acompañada, llena de sueño (que no sueños) e ilusión. Comenzaron por ser unos pocos kilómetros, ni siquiera medidos, llenos de conversaciones de madres cargadas con las mismas pilas alkalinas que les incorporan tras el parto.

Aquello parecía sentarle de maravilla. Estaba como nueva, más vital, más ella. Tanto era el bienestar, que a pesar de que las circunstancias le pusieron a prueba, no cejó en su empeño y siguió descubriendo nuevos caminos con la fuerza de sus piernas y el oxígeno de sus pulmones.

Esas fuerzas viajaron a tierra celta, donde las carreras le permitieron vencer barreras y pasear y descubrir sendas que el maldito tiempo le había robado anteriormente. Hubo quien le advirtió que aquellos paisajes serían difíciles de igualar, pero ella estaba empeñada en conquistarse así misma.

"No se llega a la cima superando a los demás, sino superándose a sí mismo", y en ello andaba.

Lo primero fue inscribirse. La lista  no dejaba margen para dilucidar sí o no, y el sí ganó la batalla. Anotada en la primera carrera de 15k, anotada en la primera carrera de montaña, anotada en el trail más bonito (quizás) de la comunidad valenciana. 

Uno...10k, ¡era capaz! Cuestas, vistas, magia de lugar. No podía ser de otra manera, Baiona fue el comienzo.

Dos...6k, ciudad. Centro de Valencia. El dorsal hablaba solo: 123.....

A por el tres....el ansiado trail. 


Aquella mañana , tras días de nervios, de entrenamientos y de jugar en la mente a "capaz o incapaz", el viaje comenzó. Buena compañía, el apoyo al completo del coche rumbo a Montanejos.

Llegar y llenar, poco tiempo para pensar, suficiente para admirar el buen ambiente y saborear las ganas de comenzar. 

Suena la música, reconoce el lugar como si ya lo hubiera vivido de tantos vídeos ojeados de años pasados...y llega el momento. Alza las manos...auuuuu....ella puede. 

Primer saludo a la familia. Las caras de los peques merecen todo esfuerzo.

Comienza la aventura. Primera bajada hacia el río...primer comentario: "¡esto empieza "bien"!...". pasa por el río a ritmo agradable, el ánimo sigue entusiasmado. 

Primera subida...mmm...los primeros corredores ya se ven en lo alto de la montaña zigzagueando...¿o ya no eran los primeros?. 

Vamos allá, ellas pueden!!

Subida, fila de a uno, caminando, con muy buen ambiente. 

Comienzan los primeros senderos, las piedras y la tierra se mezclan. Atentos a los pies, sus grandotas zapas y su falta de suela adecuada le hacen ir alerta, no quiere perderse el resto del recorrido. 

Y subiendo, subiendo...llegan las primeras vistas. Las ve de refilón, cuando alza la vista del suelo por un instante y repite sin cesar: "¡qué bonito! aquí tengo que volver". 

Los kilómetros pasan veloces y cada vez encuentra el camino más ameno. 

¡Bajada! Con cuidado, pero confiada y sobretodo divirtiéndose como una niña pequeña, ¡allá va!. Avanza y avanza entre carrera, caminata y foto hasta que llega al famoso chorro. No parecía tan espectacular en los vídeos, ni en las fotos...mmmm...¡qué agradable le resulta mojarse!. 

Riéndose como si estuviera en un parque acuático, aparece la última cuesta hasta el primer avituallamiento. En ella, gracias al trenecito, de nuevo la familia alentando. Una carrerita con el peque que aún cuesta arriba quiere continuar un rato más, le encanta transmitirle esfuerzo e ilusión;  y llega a la primera parada oficial.

Tan centrada estaba que no había ni utilizado su agua hasta el momento. ¿Qué come un corredor en medio de una carrera? El membrillo dice su nombre y tras reponer continúa la marcha. 

De nuevo sendas, caminos y bosque, mucho bosque...nunca lo habría imaginado. No es el norte, pero entre el verde y la humedad se siente como en casa. 

Fotos, permisos para pasar, pasos permitidos...¡zas! ¿Qué ha sido eso? La cámara aguarda tras una roca y se descoloca. Podría haber saltado, haber saludado, haber sonreído...gajes de la novatada.

"¿Qué tal?"...preguntan unos chicos vestidos de naranja...."¡qué riquiños!" piensa ella...aquí en Montanejos hay sorpresas de todo tipo...y ella, inexperta; sabrá después de la carrera de qué va eso del "stafff".

La lluvia hace acto de presencia, y a pesar del riesgo de resbalarse, hace la carrera mucho más especial. Hay una temperatura muy agradable para disfrutarla y ella no deja de sonreír, todo le viene bien.

El recorrido avanza, la montaña se alza imponente y llega a golpe de trompeta el siguiente avituallamiento. Membrillo ahí estás...¡uy! piña...mmm...piña...mmm...piña. Rellena botellas, se anima al botijo y se oye una voz que dice. "ánimo, sólo queda una subida y 3 kilómetros de bajada". ¡¡A por elloooooo!!.

Foto gracias a una reportera montañera y ¡¡ritmo!!.

La subida se acaba enseguida y comienza una bajada de espectáculo. La mirada va centrada en el suelo, pero cuando se eleva sus ojos brillan con intensidad. Paisaje brutal. Barrancos sin fin que le asombran y emocionan. Las sendas pegadas a esas laderas y va recordando en alto: "si os caéis, a la derecha", ¡como para no tenerlo en cuenta!. 

No quiere acabar en el suelo, ni en el fondo de lo que no le alcanza la vista; pero sus ganas le impulsan a mover sus piernas más rápido, a disfrutar de la adrenalina y a pasárselo en grande dejándose llevar por esa bajada final.

Se despega de su gran compañía, que le dio seguridad hasta ese instante y vuela, a veces literalmente. 

Y llega la última cuesta, aparece el asfalto y avisan: "resbala". Entra en las calles del pueblo  y en la última curva el peque, recuperado e ilusionado, la espera. Ambos cruzan la meta agarrados de la mano. Ella indica con sus dedos: "tres", ¡conseguido!.

Trail de montanejos 2016 en sus músculos, en su batalla emocional y en su taza, ésa en la que todo se saborea más.

Graciñas Montanejos. Mucho más que un puñado de kilómetros. ¿A por la 30k?...


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